Más de la mitad de pymes del sector operan casi a tope, pero despidos continúan

El sector energético sigue siendo un pilar fundamental para el crecimiento de nuestra economía. El ámbito del petróleo y petroquímica se ha consolidado como el segundo más importante en cuanto a exportaciones. Sin embargo, las pymes industriales que proveen a este sector enfrentan un panorama incierto. Aunque están utilizando más su capacidad instalada, la situación laboral no está mejorando y hay una creciente inquietud por los problemas de competitividad y la implementación de proyectos bajo el Régimen de Incentivos a las Grandes Inversiones (RIGI).

La información proviene de GAPP, una red de más de 250 empresas argentinas que se dedican a desarrollar, producir y comercializar equipamiento y servicios para la energía y la minería. En su último relevamiento, se destacó que el 52% de las 160 firmas encuestadas funcionaron al máximo de su capacidad instalada durante el primer trimestre de 2026, comparado con solo el 34% a fines de 2025.

Además, otro dato interesante del informe es que el cumplimiento de los plazos en la negociación de contratos ha mejorado, subiendo del 39% al 53%. Sin embargo, un 37% de las empresas reconoce que los plazos de pago pueden demorar entre tres y seis meses, y el porcentaje de demoras que superan los seis meses ha aumentado del 7% al 11%.

Pese al boom de Vaca Muerta, los proveedores siguen con problemas

Estos datos positivos se contextualizan en medio del boom de Vaca Muerta, un reservorio que en abril alcanzó un promedio diario de 616.400 barriles de petróleo no convencional. Este volumen representa casi el 70% de la producción total del país.

De cara al futuro, se espera que el puerto de Río Negro empiece a operar pronto, un proyecto esencial para potenciar la capacidad exportadora de Vaca Muerta. Junto con el sector minero, el energético lidera los proyectos de inversión del RIGI, tanto en perforación como en transporte y exportación.

A pesar de estas oportunidades, las pymes que suministran insumos al sector son más cautelosas. El optimismo entre las empresas ha caído: del 60% al 48% en el primer trimestre, mientras que un 48% se declara ahora “moderado/cauteloso” sobre el impacto de proyectos como el RIGI, Vaca Muerta Oil Sur y los GNL SESA y ARG. Para colmo, solo un 4% muestra preocupación por el futuro.

En este contexto, las pymes no ven un aumento sostenido en el empleo. El 47% de las empresas admitió haber hecho cambios en su plantilla entre enero y marzo, siendo los despidos la principal causa detrás de estas fluctuaciones.

Competitividad, el gran desafío

La competitividad es el gran problema. Según GAPP, el 80% de las empresas reconoce que enfrentan una presión externa creciente, lo que afecta sus contratos laborales. A pesar de que la actividad está en aumento, el optimismo se está desvaneciendo y las empresas prefieren adoptar una postura más cautelosa mientras esperan la ejecución de los grandes proyectos energéticos planificados para el año.

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